¿Son el Serpiente y
Otros Animales "Malos"?
Para muchos este tema puede parecer obvio; pero en los entornos es común de
hablar de ciertas bestias como "el más malvado", o bien "el más terrible", y
demás calificativos. El tema adquiere una nueva dimensión si inclusive vamos al
simbolismo usado en la Torah respecto del najash/serpiente.

¿Es un ser malo? En lo absoluto.
De hecho, la Torah dice que el serpiente es el más astuto de los animales del campo creados por Elohim. No dice ni que el serpiente sea malo, ni menos que sea el más malo de todos, ni que se haya vuelto malo por su voluntad; pues un animal no tiene esta capacidad. Esto último para quienes dicen que el serpiente allí relatado es un "ángel caído" llamado el Demonio, Lucifer, Satanás el Diablo. También dice que el serpiente es el más astuto de los animales (he. arum); lo que se puede traducir también como "prudente", como todo reptil lo es. Elohim ya hizo así al serpiente. Inclusive los depredadores restantes, tales como los felinos, osos, aves de rapiña, y reptiles peligrosos, hasta posiblemente el mismo Hipopótamo, mostrado en la Escritura como Behemot, no son animales malos sino que hacen lo que tienen que hacer para subsistir acorde a sus instintos. Y esto es importante recordar a la hora de interpretar la Torah.
Entonces, volviendo a la alegoría en la Torah, el najash/serpiente hace lo que tiene que hacer, no porque sea malo sino porque así fue hecho. Llevándolo más a la interpretación propiamente dicha: los instintos, y tendencias internas del hombre NO SON MALOS, sino que deben ser correctamente administrados y dirigidos hacia la finalidad en la que instruye Elohim.
Nm. 15:38-39 - "Habla a los hijos de Israel, y diles que se hagan franjas en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul. Y os servirá de franja, para que cuando lo veáis os acordéis de todos los mandamientos de YIHWEH, para ponerlos por obra; y no se bifurquen en pos de vuestro corazón y de vuestros ojos*, en pos de los cuales os prostituyáis."
Los mandamientos nunca dicen que nos despojemos de nuestros instintos, sino que sobrepongamos la Torah sobre ellos para evitar prostituirnos (unir ilegítimamente los mandamientos de Elohim con nuestras tendencias internas); que es precisamente lo que no hizo el hombre puesto en el Huerto de Eden; siguiendo sus propios sentidos por sobre el mandamiento dado por Elohim:
Gn. 3:6 - "Y vio (*ojos) la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría..."
Que la mujer viera al árbol como codiciable no era malo, sino el comer de él, tal cual dice el mandamiento expreso: "No comerás del árbol..." Pero no dice: "No codiciarás el árbol..." El asunto pasa por sobreponer el mandamiento de Elohim en amor a Su nombre, lo cual enaltece la relación con Él.
Así, cuando Israel mira el hilo azul puesto en sus franjas, posiblemente está sintiendo con su corazón, y viendo con sus ojos; eso no es necesariamente malo. Lo malo es usar esos deseos y experiencias sensibles no acorde a la Torah. Lo que en su defecto detalla la Torah es en todo caso una maldición sobre el serpiente; lo que se traduce como una actividad interna del hombre orientada hacia lo negativo, a reemplazar los razonamientos y pasiones en lugar de los pensamientos de Elohim; además de las tendencias rebeldes y la idolatría. La promesa está en que la simiente de la mujer (Israel) acabaría por pisar la cabeza del serpiente, esto es, vencerá sobre el imperio de la idolatría y la enemistad contra Elohim; siendo este pueblo exaltado, y prolongando sus linajes hacia el futuro; cosa que no acontecerá con aquellos linajes que sean destruidos para siempre (Is. 52:13; Mal. 4:1).
En algunos casos, sí se impone al hombre ni aún codiciar, esto es, cuando se trata de la mujer y propiedades del prójimo (Éx. 20:17). Pero esto tampoco requiere amputar nuestra mente y cuerpo para no desear (como enseñan algunos "místicos maestros"), sino precisamente "administrar" nuestros sentidos de modo de no ofender ni a Elohim ni a nuestro prójimo.
En las religiones paganas solemos ver grados extremos de ascetismo, y exposición del cuerpo y mente a sufrimientos diversos a fin de "anular" los instintos. Los instintos no son malos, sino cosas creadas por Elohim para bendecirnos. El tema pasa por precisamente saber usarlos, en esta conformación que nos ha dado Él para decidir y obedecer, esto es, hechos conforme a Su imagen. Si el instinto queda fuera de control bajo una forma no acepta por Elohim, entonces el atributo de maldad efectivamente se puede hacer algo crónico. Queda claro entonces que es la Torah acompañada de ruaj/espíritu de Elohim lo que salva (Sal. 51:10; Ez. 11:19); es decir, constituye el árbol de las vidas.
por: Leonardo F. Betetto
En la Brit Milah/Pacto de Circuncisión
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